Transgredir significa quebrantar, violar un precepto, una ley o un estatuto. Las mujeres que purgan una pena no solamente delinquen, sino que también transgreden una ideología que no las mira por completo y que las somete a un doble castigo, a varios riesgos, en donde el tiempo de la pena es lo de menos. Encerradas en
instituciones construidas por hombres y para hombres, las mujeres presas son vulnerables a toda clase de vejaciones, y desde luego que no es un asunto nuevo. Probablemente la deshumanización no sea tan grave ahí dentro, pues es un rasgo común a las instituciones totales, pero que justificación tiene alguien libre para la indiferencia.
Dentro de la situación actual que viven las mujeres que se encuentran sujetas a procesos o purgando sentencia de pena privativa de la libertad, la Organización de las Naciones Unidas ha realizado observaciones importantes que se encuentran descritas en el “Estudio a fondo sobre todas las formas de violencia contra la mujer” de 2006 y en donde se indica que la violencia contra la mujer en situaciones de privación de libertad en celdas policiales, prisiones, instituciones de bienestar social, centros de detención de inmigración y otras instituciones constituye una violencia cometida por el Estado. La violencia sexual, en particular la violación, cometida contra las mujeres detenidas se considera una violación particularmente flagrante de la dignidad intrínseca de los seres humanos y de su derecho a la integridad física, y consiguientemente pueden constituir tortura. Otras formas de violencia contra las mujeres privadas de libertad que han sido documentadas por diversas fuentes son las siguientes: la vigilancia inadecuada cuando las mujeres se bañan o se desvisten; las revisaciones personales sin ropa llevadas a cabo por hombres o en presencia de hombres, y el acoso sexual verbal. El control que los funcionarios carcelarios ejercen sobre la vida cotidiana de las mujeres también puede configurar violencia cuando se exigen actos sexuales a cambio de privilegios, bienes o artículos de primera necesidad. Si bien en países de todo el mundo se denuncian casos de violencia contra la mujer en situaciones de privación de libertad hay pocos datos cuantitativos para determinar la prevalencia de dicha violencia en los distintos países.
Las prisiones no son un espacio construido para las mujeres ni en congruencia con sus necesidades, es irónico puesto que ellas han sido las primeras castigadas en el transcurso de la historia y en cambio los regímenes penitenciarios se concentraron en los otros. Vienen padeciendo en su condición de delincuentes la doble pena, el tiempo en reclusión y el escarnio social de quien las suponía “buenas”, visto el adjetivo como un valor de control, cercado y limitado a lo hogareño y en función de la reproducción. Las presas son instaladas en un espacio secundario dentro de la arquitectura penitenciaria, así lo afirma el estudio realizado por el Instituto Nacional de las Mujeres en coordinación con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, denominado “Garantizando los Derechos Humanos de las mujeres en reclusión”; siendo los penales construidos para las necesidades de una población de hombres, hay una improvisación de las condiciones en las que se encuentran ellas, casi siempre resumidas a los dormitorios, cocina, lavaderos y un patio, sin contar con lugares exclusivos para la recreación, la capacitación o el trabajo. Es entonces necesario modificar esas circunstancias.
Uno de los esfuerzos más loables para apoyarlas ha sido el trabajo que en San Luis Potosí desempeña la organización Nueva Luna A.C. quienes hace poco dieron a conocer el libro “Mujeres Emergiendo de la Tierra” que plasma por medio de la poesía las experiencias de vida de las mujeres internas en el reclusorio de la Pila. Justo por la presente temporada invernal, éstas guerreras requieren de un acto fraterno y respetuoso, puesto que las bajas temperaturas ponen en riesgo su salud, la organización está solicitando la aportación de cobertores principalmente, pero también de calcetas, guantes, gorros, pasta dental, toallas sanitarias, shampoo, galletas, calentones y dulces. El centro de acopio recibirá hasta el día 23 de Diciembre y se encuentra ubicado en la calle de Jesús García No. 580 Torres del Santuario.
Para cualquier duda y para conocer más acerca del trabajo de Nueva Luna: https://www.facebook.com/pages/Nueva-Luna-AC/176746375695561?sk=wall&filter=2
Esperemos que la temporada atraviese los muros y los barrotes, que burle a los guardias, que las mujeres amigas que se encuentran dentro sepan que no están solas. Que estamos aquí.
“La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.”
Rabindranath Tagore
Claudia Almaguer...Mujer que baila flamenco, mamá de Libertad, abogada, estudiante, zurda, feminista, lectora y todo lo que aún no le sucede...